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lunes, 29 de octubre de 2012

Muestra cultural y deportiva del CECYTE 2011


La educación ha sido para el pueblo de Oaxaca, desde tiempos inmemoriales, uno de los pilares del Desarrollo Humano, junto con la alimentación, la salud y el sistema de organización comunitaria.

 
Se sabe que, nuestros Viejos Abuelos, por lo menos desde el año 1500 a.C., ya tenían el primer sistema de educación público y gratuito de la humanidad. Para los mexicanos en general, pero para los oaxaqueños en particular, la educación es el eje rector de las personas, las familias y los pueblos.

 
Otro elemento fundamental en el sistema de educación del Anáhuac fue el concepto de "flor y canto", que en las escuelas del México antiguo llamadas cuicacalli, es decir, "la casa del canto", los alumnos tenían una educación integral a través de las manifestaciones artístico-culturales.

 
Efectivamente, nuestros antepasados ponderaban mucho la educación, a la que llamaban metafóricamente "la acción de formar rostros propios y corazones verdaderos", y dentro de ella, la llamada educación artística era fundamental para sensibilizar y desarrollar armónicamente al estudiante.
 
 

En base a esta ancestral herencia cultural, uno de los sistemas de educación media más sólidos del estado de Oaxaca, viene realizando una "muestra cultural y deportiva" que, no solo, motiva a las comunidades educativas de cada plantel, sino que trasciende sus muros y llega a las propias comunidades coadyuvando para el fortalecimiento de la identidad cultural, regional y estatal, de los estudiantes y sus familias.

 
De esta manera, cada año de todas las regiones del estado llegan a la Ciudad de Oaxaca los estudiantes a mostrar sus trabajos de investigación, promoción y difusión de su cultura regional.

 
Exaltar estos valores le permite al estudiante, no solo desarrollar su potencial espiritual, sino que refuerza su auto estima y le brinda elementos que lo identifican orgullosamente con la tierra y la cultura que lo vio nacer.

 
Esta es una maravillosa oportunidad en que estudiantes, maestros, directivos y padres de familia, unen esfuerzos para hacer posible la materialización de la más alta creación espiritual de un pueblo, que es su "flor y canto", su cultura.
 


Por otra parte, el gran esfuerzo humano, material, de tiempo y económico del Sistema CECYTE le brinda a la Ciudad de Oaxaca, un evento más, en el famoso "rosario" de su mundialmente famosa actividad cultural, motivo por el cual, tanto los citadinos como los turistas nacionales y del mundo reciben con alegría esta fiesta de la juventud estudiosa de Oaxaca.

 

Además de actividades artísticas y culturales los alumnos del CECYTE realizan encuentros de oratoria, ajedrez, cuento y pintura, así como actividades deportivas en las que "la convivencia" está por encima de "la competencia", permitiendo estrechar vínculos solidarios y de amistad, entre estudiantes y maestros de todas las regiones del estado.

 

La calidad técnica y la pasión de los alumnos en su desempeño fue determinante para hacer de este evento un éxito total, pero especialmente la que ganó fue la educación. Sin embargo, cabe mencionar que nos llamó la atención la ejecución del "Jarabe del Valle" con el vestuario facilitado por la comunidad de San Antonino Castillo Velasco, porque además de la impecable ejecución llama la atención la vinculación lograda por el plantel de Mitla con la comunidad de San Antonino Castillo Velasco, quienes solidariamente les prestaron a los alumnos el vestuario que ellos usan en la Guelaguetza.

 

Este es un punto muy importante, porque nos demuestra el papel que puede y debe jugar la educación y la cultura, en el fortalecimiento de la identidad cultural y la solidaridad entre los pueblos, especialmente en Oaxaca que tiene el mayor número de municipios y culturas originarias del país.

 

Por ello, -Aquioaxaca- felicita ampliamente a las autoridades centrales, directivos en los planteles, maestros, alumnos y padres de familia, por proporcionar a Oaxaca un espacio de consciencia y fortalecimiento cultural y espiritual a través de "La Muestra Cultural y Deportiva del CECYTE".
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

martes, 11 de septiembre de 2012

Las Calles antiguas de Oaxaca

 
Desde la invención de la agricultura hasta la llegada de los invasores europeos, en el Anáhuac transcurrieron siete milenios y medio de uno de los Desarrollo Humanos más importantes del planeta.
 
 
En efecto, lo que hoy conocemos como “México” es parte del territorio de la civilización del Cem Anáhuac que logró alcanzar en el periodo Clásico la más alta calidad de vida para todos sus habitantes.
 
 
 
La razón era contundente. En Tenochtitlán existían todos los equipamientos urbanos de una ciudad del siglo XXI. Por ejemplo: la retícula de las calles con sus avenidas, calzadas y canales, había agua potable y drenaje, existían museos, bibliotecas, hospitales, mercados, zonas deportivas, plazas públicas, edificios de gobierno y templos.
 
 
 
 
Pero fundamentalmente, no existía un niño sin escuela para 1519. La educación era pública, obligatoria y gratuita. Esto producía ciudadanos educados, urbanos y responsables. 
 
 
 
 
La alimentación, la salud y la higiene personal, familiar y comunitaria tenía estándares muy altos que no tenían comparación con los europeos de esos momentos.
 
 
 
Los pueblos anahuacas, fueran zapotecos, mixtecos, mayas o totonacos, todos ellos compartían una misma estructura cultural-civilizatoria, de modo que la Toltecáyotl era la base de cada cultura y la manifestaban de forma diferente cada pueblo.

 
 
 
Para Oaxaca, podemos decir que tenemos uno de los antecedentes más antiguos del Anáhuac en cuanto a arquitectura y urbanismo se refiere. San José del Mogote (en el Valle de Etla), es una zona arqueológica del periodo Postclásico y está asociada a la cultura Madre, es decir, la cultura olmeca.
 
 
 
 
Una de los valores de San José del Mogote es que es, hasta ahora, la zona arqueológica olmeca más antigua con trabajo en piedra. En general, en las zonas arqueológicas de Veracruz y Tabasco, están construidas en adobe y en terraplenes de tierra. San José del Mogote está construido con piedra.
 
 
 
 
Pero en el Valle de Oaxaca tenemos a Daany Beédxe, conocido como “Monte Alban”, que inició su construcción aproximadamente en el año 500 a.C. 
 
 
 
 
Todo este marco histórico es para apuntar que los pueblos oaxaqueños son uno de los más antiguos de la humanidad que han vivido en zonas urbanas. De modo que el urbanismo aquí en Oaxaca existió muchos siglos antes de la era Cristiana.

 
 
 
A la llegada de los españoles, los zapotecos vivían en las férieles tierras que hoy se conoce como Zaachila. Y en el cerro del Fortín existía una guarnición militar mexica. A los pies del cerro vivían las familias de los militares mexicas.
 
 
 
 
Cuando llegaron los españoles fundaron “Segura de la Frontera” en los márgenes del Río Atoyac. El río en ese tiempo pasaba en medio de lo que hoy es la ciudad de Oaxaca. Justamente por el templo de San Juan de Dios.
 
 
 
La fundación de la ciudad española, primero nombrada Nueva Antequera fue rechazada por Hernán Cortes, pues “su marquesado” abarcaba desde Coyoacán hasta el Valle de Oaxaca.
 
 
 
 
De modo que al crear la ciudad española, le quitaron a Cortés parte importante de los terrenos dentro del valle. Así, su propiedad llegaba desde el Altiplano hasta lo que hoy se conoce justamente como “Barrio del Marquesado”.
 
 
 
Hernán Cortés nunca visitó la Ciudad de Oaxaca y menso vivió en ella. La mal llamada “Casa de Cortés” es del siglo XVII por lo cual fue imposible que fuera de Cortés.
 
 
 
 
La Ciudad de Oaxaca fue contemporánea de las ciudades españolas de México, Puebla y Valladolid (Morelia). De todas ellas, Oaxaca desde un principio mantuvo una dimensión provinciana.
 
 
 
 
En efecto, jamás comparada con “La Ciudad de los Palacios” donde residía el poder colonial. La ciudad de Valladolid fue hecha en piedra con monumentales edificios. Y la ciudad de Puebla es la que ha mantenido un crecimiento constante desde el siglo XVI hasta el XXI.
 
 
 
 
La Ciudad de Oaxaca en cambio, siempre fue provinciana. Sus edificios, en su gran mayoría son hechos de adobe. Y nunca fue una “metrópoli” como sus ciudades hermanas.
 
 
 
 
Por lo difícil de su acceso debido al “mar de montañas” que la rodea, Oaxaca mantuvo una dimensión reducida. Tampoco fue el centro de la vida de los pueblos anahuacas, como si lo fueron Zaachila, Ocotlán, Etla y Tlacolula.
 
 
 
 
La ciudad de Oaxaca fue una ciudad española para españoles. Los grandes edificios como los templos y conventos fueron producto de los intereses económicos y políticos de las órdenes religiosas.
 
 
 
 
La riqueza que aportó Oaxaca a la corona española y a toda Europa fue la explotación de la “grana Cochinilla”. Insecto con el que se hicieron los tintes en sus diversas tonalidades del color rojo.
 
 
 
 
Pero en Oaxaca la minería y la agricultura nunca fueron de gran envergadura. De modo que su dimensión física estuvo sujeta a sus opciones económicas.
 
 
 
 
Existen dos grandes “parte aguas” en la historia moderna de Oaxaca. El primero fue el demoledor terremoto sufrido en 1931 que destruyó más de la mitad de la ciudad.
 
 
 
 
Y el segundo ha sido la autopista construida en 1994 que cambió totalmente a la ciudad, no solo por el turismo, sino por la migración del interior del estado.
 
 
 
 
Oaxaca, como todas las ciudades capitales del mundo está cambiando. Por desgracia, no cambia integralmente en lo positivo, porque el centro histórico no es la ciudad de Oaxaca.
 
 
 
 
Existen muchos rezagos en infraestructura, especialmente en vialidad y servicios. El olvido de la Ciudad de Oaxaca es histórico y sus carencias no son por falta de recursos, sino por falta de amor, trasparencia en el manejo de los fondos públicos y por que las autoridades estatales y municipales nunca han pelado en contra de los intereses de los eternos “dueños” del poder.
  
 
 
 
La Ciudad de Oaxaca ha sido azotada periódicamente por poderosos sismos que la han tirado al suelo. Pero esta ciudad, una y otra vez, se ha sabido recuperar. Se requiere la participación ciudadana en los problemas de esta ciudad, para apoyar a las fuerzas proactivas –oficiales y de la sociedad civil- que ahora están tratando de acabar los cacicazgos, monopolios y poderes fácticos, que no le permiten crecer en un clima de justicia, equidad y respeto.  
 
 
 
El Estado de “Oaxaca es la reserva espiritual de México”. Y la ciudad capital deberá ser el símbolo del encuentro de las 16 culturas ancestrales anahuacas, de los pueblos mestizos y afromestizos. “El respeto del derecho ajeno” debe guiar a las mujeres y hombres que aman y trabajan por tener un futuro más humano y digno para todos, sin importar su color de piel, su estatus económico y su credo. Solo de esa manera Oaxaca podrá vencer todos sus desafíos.    


 
 
 

miércoles, 22 de agosto de 2012

LOS BUÑUELOS OAXAQUEÑOS




Cada pueblo tiene un puñado de “mujeres de conocimiento” de la cocina oaxaqueña. Mujeres que a lo largo de toda una vida de “servicio” en los “compromisos”; sean estos: cumpleaños, bautizos, primeras comuniones, quince años, bodas y sepelios. Dado que las familias que tienen “el compromiso” recurrirán a estas sabias y generosas mujeres que dirigirán la cocina con un racimo de mujeres aprendices. El sazón y los secretos son compartidos y la enseñanza va de una generación a otra. Este es el caso de “Doña Chepa” de San Jerónimo Yahuiche, Atzompa, Oaxaca.



Para el “Día de Reyes” Doña Josefina Franco en el patio de su casa prepara con sus hijas, nietas y sobrinas, los famosos “Buñuelos”. La dicha de la gente menuda y no tan menuda de la familia.



Para hacer los buñuelos se requiere 3 kg. de harina, 6 huevos, una cucharada de agua salada, 3 cucharaditas de “royal”, media taza de aceite.



Se amasa la harina como si se fuera a hacer pan. Después se hacen pequeñas bolitas y estas se extienden como tortillas con un molinillo o una botella.



Cuando se ha extendido la masa se dejan secar unos 15 minutos y después se fríen y se escurren.



Previamente se pone a cocer agua con azúcar o con panela según el gusto y se le agrega una rajita de canela.



Cuando el agua ha hervido se le embarra “la miel” a los buñuelos y se escarchan con azúcar roja.




La tradición en la Ciudad de Oaxaca es que los buñuelos se comen en un plato que al terminar, será estrellado contra el piso y al hacerse añicos está garantizado que el deseo que se ha pedido previamente, será concedido para el nuevo año.