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martes, 11 de septiembre de 2012

Las Calles antiguas de Oaxaca

 
Desde la invención de la agricultura hasta la llegada de los invasores europeos, en el Anáhuac transcurrieron siete milenios y medio de uno de los Desarrollo Humanos más importantes del planeta.
 
 
En efecto, lo que hoy conocemos como “México” es parte del territorio de la civilización del Cem Anáhuac que logró alcanzar en el periodo Clásico la más alta calidad de vida para todos sus habitantes.
 
 
 
La razón era contundente. En Tenochtitlán existían todos los equipamientos urbanos de una ciudad del siglo XXI. Por ejemplo: la retícula de las calles con sus avenidas, calzadas y canales, había agua potable y drenaje, existían museos, bibliotecas, hospitales, mercados, zonas deportivas, plazas públicas, edificios de gobierno y templos.
 
 
 
 
Pero fundamentalmente, no existía un niño sin escuela para 1519. La educación era pública, obligatoria y gratuita. Esto producía ciudadanos educados, urbanos y responsables. 
 
 
 
 
La alimentación, la salud y la higiene personal, familiar y comunitaria tenía estándares muy altos que no tenían comparación con los europeos de esos momentos.
 
 
 
Los pueblos anahuacas, fueran zapotecos, mixtecos, mayas o totonacos, todos ellos compartían una misma estructura cultural-civilizatoria, de modo que la Toltecáyotl era la base de cada cultura y la manifestaban de forma diferente cada pueblo.

 
 
 
Para Oaxaca, podemos decir que tenemos uno de los antecedentes más antiguos del Anáhuac en cuanto a arquitectura y urbanismo se refiere. San José del Mogote (en el Valle de Etla), es una zona arqueológica del periodo Postclásico y está asociada a la cultura Madre, es decir, la cultura olmeca.
 
 
 
 
Una de los valores de San José del Mogote es que es, hasta ahora, la zona arqueológica olmeca más antigua con trabajo en piedra. En general, en las zonas arqueológicas de Veracruz y Tabasco, están construidas en adobe y en terraplenes de tierra. San José del Mogote está construido con piedra.
 
 
 
 
Pero en el Valle de Oaxaca tenemos a Daany Beédxe, conocido como “Monte Alban”, que inició su construcción aproximadamente en el año 500 a.C. 
 
 
 
 
Todo este marco histórico es para apuntar que los pueblos oaxaqueños son uno de los más antiguos de la humanidad que han vivido en zonas urbanas. De modo que el urbanismo aquí en Oaxaca existió muchos siglos antes de la era Cristiana.

 
 
 
A la llegada de los españoles, los zapotecos vivían en las férieles tierras que hoy se conoce como Zaachila. Y en el cerro del Fortín existía una guarnición militar mexica. A los pies del cerro vivían las familias de los militares mexicas.
 
 
 
 
Cuando llegaron los españoles fundaron “Segura de la Frontera” en los márgenes del Río Atoyac. El río en ese tiempo pasaba en medio de lo que hoy es la ciudad de Oaxaca. Justamente por el templo de San Juan de Dios.
 
 
 
La fundación de la ciudad española, primero nombrada Nueva Antequera fue rechazada por Hernán Cortes, pues “su marquesado” abarcaba desde Coyoacán hasta el Valle de Oaxaca.
 
 
 
 
De modo que al crear la ciudad española, le quitaron a Cortés parte importante de los terrenos dentro del valle. Así, su propiedad llegaba desde el Altiplano hasta lo que hoy se conoce justamente como “Barrio del Marquesado”.
 
 
 
Hernán Cortés nunca visitó la Ciudad de Oaxaca y menso vivió en ella. La mal llamada “Casa de Cortés” es del siglo XVII por lo cual fue imposible que fuera de Cortés.
 
 
 
 
La Ciudad de Oaxaca fue contemporánea de las ciudades españolas de México, Puebla y Valladolid (Morelia). De todas ellas, Oaxaca desde un principio mantuvo una dimensión provinciana.
 
 
 
 
En efecto, jamás comparada con “La Ciudad de los Palacios” donde residía el poder colonial. La ciudad de Valladolid fue hecha en piedra con monumentales edificios. Y la ciudad de Puebla es la que ha mantenido un crecimiento constante desde el siglo XVI hasta el XXI.
 
 
 
 
La Ciudad de Oaxaca en cambio, siempre fue provinciana. Sus edificios, en su gran mayoría son hechos de adobe. Y nunca fue una “metrópoli” como sus ciudades hermanas.
 
 
 
 
Por lo difícil de su acceso debido al “mar de montañas” que la rodea, Oaxaca mantuvo una dimensión reducida. Tampoco fue el centro de la vida de los pueblos anahuacas, como si lo fueron Zaachila, Ocotlán, Etla y Tlacolula.
 
 
 
 
La ciudad de Oaxaca fue una ciudad española para españoles. Los grandes edificios como los templos y conventos fueron producto de los intereses económicos y políticos de las órdenes religiosas.
 
 
 
 
La riqueza que aportó Oaxaca a la corona española y a toda Europa fue la explotación de la “grana Cochinilla”. Insecto con el que se hicieron los tintes en sus diversas tonalidades del color rojo.
 
 
 
 
Pero en Oaxaca la minería y la agricultura nunca fueron de gran envergadura. De modo que su dimensión física estuvo sujeta a sus opciones económicas.
 
 
 
 
Existen dos grandes “parte aguas” en la historia moderna de Oaxaca. El primero fue el demoledor terremoto sufrido en 1931 que destruyó más de la mitad de la ciudad.
 
 
 
 
Y el segundo ha sido la autopista construida en 1994 que cambió totalmente a la ciudad, no solo por el turismo, sino por la migración del interior del estado.
 
 
 
 
Oaxaca, como todas las ciudades capitales del mundo está cambiando. Por desgracia, no cambia integralmente en lo positivo, porque el centro histórico no es la ciudad de Oaxaca.
 
 
 
 
Existen muchos rezagos en infraestructura, especialmente en vialidad y servicios. El olvido de la Ciudad de Oaxaca es histórico y sus carencias no son por falta de recursos, sino por falta de amor, trasparencia en el manejo de los fondos públicos y por que las autoridades estatales y municipales nunca han pelado en contra de los intereses de los eternos “dueños” del poder.
  
 
 
 
La Ciudad de Oaxaca ha sido azotada periódicamente por poderosos sismos que la han tirado al suelo. Pero esta ciudad, una y otra vez, se ha sabido recuperar. Se requiere la participación ciudadana en los problemas de esta ciudad, para apoyar a las fuerzas proactivas –oficiales y de la sociedad civil- que ahora están tratando de acabar los cacicazgos, monopolios y poderes fácticos, que no le permiten crecer en un clima de justicia, equidad y respeto.  
 
 
 
El Estado de “Oaxaca es la reserva espiritual de México”. Y la ciudad capital deberá ser el símbolo del encuentro de las 16 culturas ancestrales anahuacas, de los pueblos mestizos y afromestizos. “El respeto del derecho ajeno” debe guiar a las mujeres y hombres que aman y trabajan por tener un futuro más humano y digno para todos, sin importar su color de piel, su estatus económico y su credo. Solo de esa manera Oaxaca podrá vencer todos sus desafíos.    


 
 
 

miércoles, 22 de agosto de 2012

LOS BUÑUELOS OAXAQUEÑOS




Cada pueblo tiene un puñado de “mujeres de conocimiento” de la cocina oaxaqueña. Mujeres que a lo largo de toda una vida de “servicio” en los “compromisos”; sean estos: cumpleaños, bautizos, primeras comuniones, quince años, bodas y sepelios. Dado que las familias que tienen “el compromiso” recurrirán a estas sabias y generosas mujeres que dirigirán la cocina con un racimo de mujeres aprendices. El sazón y los secretos son compartidos y la enseñanza va de una generación a otra. Este es el caso de “Doña Chepa” de San Jerónimo Yahuiche, Atzompa, Oaxaca.



Para el “Día de Reyes” Doña Josefina Franco en el patio de su casa prepara con sus hijas, nietas y sobrinas, los famosos “Buñuelos”. La dicha de la gente menuda y no tan menuda de la familia.



Para hacer los buñuelos se requiere 3 kg. de harina, 6 huevos, una cucharada de agua salada, 3 cucharaditas de “royal”, media taza de aceite.



Se amasa la harina como si se fuera a hacer pan. Después se hacen pequeñas bolitas y estas se extienden como tortillas con un molinillo o una botella.



Cuando se ha extendido la masa se dejan secar unos 15 minutos y después se fríen y se escurren.



Previamente se pone a cocer agua con azúcar o con panela según el gusto y se le agrega una rajita de canela.



Cuando el agua ha hervido se le embarra “la miel” a los buñuelos y se escarchan con azúcar roja.




La tradición en la Ciudad de Oaxaca es que los buñuelos se comen en un plato que al terminar, será estrellado contra el piso y al hacerse añicos está garantizado que el deseo que se ha pedido previamente, será concedido para el nuevo año.

 

domingo, 15 de julio de 2012

La Montaña Sagrada del Jaguar. Daany Beédxe



Visitar Monte Albán es abrir una puerta a lo inconmensurable y maravilloso de nuestro más antiguo legado cultural. Es ir a lo profundo de nuestro Ser.


En efecto, Monte Albán conocido como “la Montaña sagrada del Jaguar” o como la llamaban los viejos abuelos Toltecas en lengua náhuatl Tehuantepec.



Y conocida en la lengua zapoteca como “Danibaá” que quiere decir, “La Montaña Sagrada” o Daany Beédxe como “La Montaña del Jaguar”, es sin lugar a dudas uno de los principales proyectos constructivos del Cem Anáhuac, además por su dimensión, de los más antiguos e importantes.



En efecto, “La Sagrada Montaña del Jaguar” se empezó a construir aproximadamente en el año 500 a.C., con la participación de todos los pueblos que ahora llamamos oaxaqueños.



Por lógica, la densidad poblacional de los Valles Centrales para el V siglo a.C. era muy pequeña. La monumental obra que duró en permanente construcción duro 1350 años.



Para realizar este titánico esfuerzo se requirió que coincidieran varios factores estratégicos de primordial importancia. En primer lugar un objetivo irrebatible y que no caducara.



Que fuera válido para todos los seres humanos, pueblos y culturas a lo largo de más de trece siglos, por el cual estuvieron dispuestos a trabajar de generación en generación.

Se requirió de un solvente sistema alimenticio que permitiera poseer la energía suficiente para el descomunal esfuerzo y el tiempo para realizarlo. 


Dado que una época del año se dedicaba al sustento del cuerpo y otra época al alimento del Espíritu. Nuestros Viejos Abuelos vivían en “equilibrio” y mesura. 


Se requirió también, un eficaz sistema de salud que permitiera a través de hábitos, prácticas y conocimientos muy sofisticados, mantener una vida higiénica y una salud permanente para enfrentar el reto constructivo y su natural desgaste orgánico.


Se requirió además, poseer un eficiente sistema educativo que permitiera que a través de los siglos se mantuviera firme y claro, el primigenio propósito constructivo en la sociedad de generación en generación y eso solo se puede hacer a través de la educación.


Se requirió poseer un efectivo sistema de organización social, que permitiera a todos los pueblos y culturas, dividir el trabajo y organizarlo de tal manera a lo largo de más de trece siglos para realizar la monumental obra entre todos los pueblos y culturas de lo que hoy es Oaxaca.


“La Sagrada Montaña del Jaguar” pertenece a todos los oaxaqueños de ayer y de hoy. Se construyó como se ha construido y se sigue construyendo las grandes obras del “bien común”, a través de la solidaridad, el trabajo comunitario y la organización comunitaria.



No pudo ser de otra forma, como hoy en día no se puede construir nada “del bien común”, sin la participación de la comunidad. Monte Alban ha sido y sigue siendo Patrimonio Cultural y Espiritual de todos los oaxaqueños.


Monte Alban no pudo ser producto de un sueño mesiánico de un puñado de alucinados y exaltados. En cambio, fue producto del potencial espiritual, la voluntad de poder, la sabiduría ancestral y la organización social de una milenaria civilización que sustentó su desarrollo humano en la fuerza del Espíritu.



Solo los arqueólogos extranjeros y sus asistentes mexicanos, se atreven a pensar que “La Montaña Sagrada del Jaguar” fue obra de un proyecto imperial sustentado en el poder material y en la limitada visión del efímero mundo temporal.  No alcanzan a tener la “sensibilidad” de percibir su grandeza espiritual.


Y finalmente se requirió, tener un objetivo superlativo, que fuera solvente y perenne en cuanto al uso y aprovechamiento de la imponente obra para todos los pueblos. Esto es, que “FUNCIONÓ” para lo que fue concebido. 



Cuál fue la razón por la cual se construyó esta monumental obra a lo largo de trece siglos, y que desde su primera fase, en el quinto siglo a.C., hasta su abandono se mantuvo inalterada. 


En efecto, “La Montaña Sagrada del Jaguar” debió cumplir cabalmente sus objetivos por lo que se mantuvo el esfuerzo constructivo. La planta arquitectónica de la fase I es igual al de la fase de su abandono mil trescientos cincuenta años después.


Esto es importante porque nos revela que, “para lo que se diseñó desde el principio, funcionó adecuadamente hasta su abandono. Este es uno de los grandes misterios del Anáhuac y justamente ahí radica su grandeza humana.


“La Montaña Sagrada del Jaguar” no fue una ciudad, porque nunca ha existido una fuente de agua a su alrededor y sin el vital líquido, ningún grupo humano puede vivir y menos desarrollar un proyecto de estas dimensiones y tiempo. 


Porque su arquitectura no es la de una “casa habitación”. No se puedo subir miles de millones de toneladas de piedra para hacer un “palacio” en cuartos que tienen una puerta del tamaño de una pared, eso es ilógico e inadmisible. 


Porque los centros urbanos siempre se han hecho en todo el mundo en lugares cerca de una fuente permanente de agua y en espacios planos de preferencia, y las residencias son proporcionales a las necesidades humanas. En Monte Alban no existe esta condición. 


“La Montaña Sagrada del Jaguar” no fue una fortaleza, porque además de no contar con arquitectura defensiva (murallas, trincheras y torreones), no existieron las guerras en el periodo Clásico.


“La Montaña Sagrada del Jaguar” no fue centro comercial, porque es ilógico “subir y bajar mercancía” (sin animales de carga y rueda), teniendo los valles para tal fin. Además se debe tomar en cuenta que no existió la moneda ni la propiedad privada en el Cem Anáhuac en el periodo Clásico.


“La Montaña Sagrada del Jaguar” no fue un hospital, porque resulta ilógico hacer un esfuerzo tan grande y de tanto tiempo, para poner arriba de cuatro cerros un servicio de este tipo, y hasta la fecha, no se conoce en el Cem Anáhuac una construcción con este objetivo.



Para qué entonces se realizó este inconmensurable esfuerzo, que se llevó muchas generaciones que trabajaron a través de los siglos y que jamás cambió de propósito. Cuál es la sagrada idea que lo concibió.



Para qué entonces se realizó este inconmensurable esfuerzo, que se llevó muchas generaciones que trabajaron a través de los siglos y que jamás cambió de propósito. Cuál es la sagrada idea que lo concibió.



Qué debió mover a cientos de miles de personas a través de más de trece siglos para dar su “tequio” y venir de todo lo que hoy es el estado de Oaxaca, para trabajar por un proyecto compartido en tiempo y espacio por todos los pueblos anahuacas. 



Cuál fue esa “vedad inmutable” que todos compartieron y se esforzaron por ella. Esa “verdad trascendente” que nunca caducó o pasó de moda y que inspiró a tantas generaciones y a tantos pueblos diferentes.


Cuando los pueblos de México en general y los pueblos oaxaqueños en particular puedan dar respuesta a ésta interrogante, seguramente la vida de todos cambiará rotundamente. El legado de nuestros Viejos Abuelos toltecas será de nuevo nuestro.


Cuando encontremos la respuesta en el interior de nuestros corazones, en lo más luminoso de nuestro Espíritu, en nuestra verdadera esencia.


Cuando volvamos a iniciar el camino del Guerrero. Cuando volvamos a entablar la Batalla Florida en lo más profundo de nuestro corazón. Cuando volvamos a ser Guerreros y Guerreras de la Muerte Florecida. Cuando florezcan de nuevo nuestros corazones. 


Cuando logremos hacer “la arqueología del Espíritu” en nuestras conciencias. Cuando re-aprendamos a vernos en el “Espejo Humeante” y reconozcamos nuestro verdadero rostro y nuestro corazón verdadero florecerá de nuevo la montaña sagrada.


Cuando podamos cancelar la colonización mental y cultural. Cuando rompamos las cadenas de la ignorancia de nosotros mismos, generadas por el colonizador.


Cuando sepamos clara y muy bien definido quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Cuando nos reconozcamos en el pensamiento milenario de nuestros sabios antepasados, como hoy lo hacen orgullosamente los pueblos de China o India.


Cuando sepamos clara y muy bien definido quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Cuando nos reconozcamos en el pensamiento milenario de nuestros sabios antepasados, como hoy lo hacen orgullosamente los pueblos de China o India.


Cuando dejemos de ser “extranjeros incultos en nuestra propia tierra”. Cuando dejemos de tratar de ser españoles, franceses o norteamericanos de tercera y pasemos a ser en plenitud, anahuacas de primera.


Cuando “activemos el banco genético de información cultural” que existe en cada uno de los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos.


“La Montaña Sagrada del Jaguar” volverá a despertar, y será una guía para cada uno de nosotros, de nuestras familias, de nuestros pueblos y de nuestro país. 


Recuperaremos la “memoria histórica” y con ello recuperaremos nuestra identidad, nuestra dignidad y nuestra misión como seres humanos y como civilización.


El descubrimiento de “La Montaña Sagrada del Jaguar” en el fondo de nuestro corazón será el inicio del fin de la colonización y el amanecer del nuevo ciclo de nuestro destino, destino compartido con todos los pueblos antiguos del mundo.


“La Montaña Sagrada del Jaguar” representa lo mejor de nuestro futuro, por ello es verdad que nuestro futuro se encuentra en el conocimiento de nuestro glorioso pasado.