Vistas de página en total

lunes, 9 de abril de 2012

HEROICA CIUDAD DE TLAXIACO




Tlaxiaco viene de la lengua náhuatl tlachquiauhco, tlach-quiauh-co: tlachtli (juego de pelota); quiahuitl (lluvia); co, en “en (el lugar de) la lluvia del juego de pelota”. En lengua mixteca: Ndisi nuu que se traduce como “buenavista”.







Pero Tlaxiaco se denomina “Heroica Ciudad de Tlaxiaco”.





               
               
Aunque existen pocos estudios particulares sobre Tlaxiaco, Margarita Gaxiola, en su estudio “Huamelulpam” informa sobre Tlaxiaco, “el asentamiento inicial del sitio se sitúa alrededor de 400 a. C., es decir, durante el inicio del Preclásico tardío” en el Anáhuac. 








La ocupación total abarca un periódo de 100 años, hasta 600 d.C. Por su importancia estratégica fue codiciada por los aztecas ya que se ubica entre Coixtlahuaca y Tututepec, dos importantes señoríos mixtecos, por lo que fue invadida en varias ocasiones hasta convertirse en guarnición mexica.





               

La invasión española de estas tierras se realizó entre 1521 y 1522 por Francisco de Orozco y Pedro de Alvarado. Junto con Achiutla, Mixtepec, Chicahuaxtla, Ocotepec, Chalcatongo, Chicaba, Miquetla y Atoyaquillo fueron entregadas al encomendero Martín Vásquez.







Entre sus principales evangelizadores se señala a Fray Gonzalo de Lucero y Benito Hernández, la cual se inició por el año 1548.





               
               

Se le concede el título de Villa el 1° de octubre de 1852, el 23 de noviembre se decreta Heroica Villa de Tlaxiaco, y se le otorga el 7 de octubre de 1884 la categoría de ciudad. 







Se destaca la visita de don José María Morelos y Pavón en su paso a Acapulco, así como la batalla contra los franceses en el cerro Encantado, sede de los poderes estatales durante la soberanía de Oaxaca.

               






Existe un convento dominico cuya construcción fue asesorada por Rodrigo Gil de Hontañón destacándose de ese monumento histórico lo que se denomina “Modillón dominico” (modillón es la ménsula o zapata que adorna por debajo a una cornisa), actualmente está totalmente restaurado y lo mismo que el de Yanhuitlán, parece una fortaleza.





               
               

Tlaxiaco fue durante el Siglo XIX una importante ciudad comercial. Llegó a tener un teatro, que era una copia en pequeño del Teatro Macedonio Alcalá de la Ciudad de Oaxaca, lo cual nos habla de la intensa vida cultural que tenía esta ciudad en aquel entonces. La cantante oaxaqueña Lila Dawn nació en este bello lugar.





               

De acuerdo al XII Censo General de Población y Vivienda 2000 efectuado por el INEGI, la población total de indígenas en el municipio asciende a 8,548 personas. Sus lenguas indígenas son mixteco y triqui. 








Habitan principalmente en las comunidades de Santa María Cuquila, San Isidro, San Pedro, Llano Grande, Juan Escutia, Plan de Guadalupe, Agua Zarca, San Miguel del Progreso, San Felipe Tindaco, sus barrios y Joya Grande.





               


En Tlaxiaco se produce y consume pulque de excelente calidad, bebida espirituosa del Anáhuac y que hoy sigue siendo una tradición en la Mixteca Alta. Otra de las tradiciones que se mantienen es la construcción de casas a partir de troncos de pino. El ensamblado de los troncos es reforzado con barro y cal para que no pase el viento.




               

Cuando visite Tlaxiaco podrá encontrar una buena infraestructura de servicios turísticos, lo mismo buenos restaurantes que hoteles cómodos y de precios razonables. Tlaxiaco está creciendo y modernizándose, pero sus habitantes y autoridades valoran y preservan su Patrimonio Cultural.




sábado, 7 de abril de 2012

La casa del maestro Rodolfo Morales en Ocotlán.

Dedicado a Rosa MaríaBerúmen Félix
Septiembre de 2006





Cuenta la sabiduría popular… “que era un hombre tan pobre, tan pobre…que lo único que tenía era dinero”.





El maestro Rodolfo Morales fue un espíritu noble y sencillo. Aunque salió a los 23 años de su natal Ocotlán, el recuerdo de su primera infancia en su pueblo, siempre estará presente en su vida y en su obra.






Su generosidad no tuvo límites para su pueblo.


 




La vida me dio la oportunidad de conocer en tres momentos diferentes al maestro Rodolfo Morales. Al final de la década de los años sesentas, vivía en la calle de Xicoténcatl en Coyoacán.





Y en la esquina de Corina y Xicoténcatl existía un café llamado “La Hiedra” y un pequeño museo de escultura. El maestro era muy amigo de la mamá de una amiga.





La señora Geles Cabrera era la mamá de Erika y el centro de un puñado de artistas e intelectuales que se reunían en ese café, que luego nosotros como jóvenes “nos lo apropiamos” y compartimos “con ellos” el espacio sagrado.





Fueron años turbulentos, tanto por ser los de mi adolescencia, como por haberse dado la revuelta estudiantil del 68 y en el que el café La Hiedra fue punto de reunión y discusión de la vida política que conmocionaba al país.


 



 

El recuerdo que tengo de “Rodolfito”, como le decían sus amigos de aquél entonces, es muy vago. Siempre muy callado y tímido. En ese entonces, el maestro Morales trabajaba como profesor de dibujo en una escuela secundaria en el D.F.


 



 

Muchos años después, ya en Oaxaca, una vez Silvia María Zúñiga, quien era la Subdirectora de la Casa de la Cultura Oaxaqueña, me propuso incluir en el programa “Oaxaca, sus hombres y sus obras” a un paisano de su natal Ocotlán, que había regresado a vivir al pueblo y que era un pintor.


 



 

La institución la hacía un homenaje a aquellas personas que sin ser “gente importante” eran la parte viva de la cultura de la comunidad.


 



 

De esta manera conocí por segunda ocasión al maestro Morales. En 1985 no “era famoso” y habiéndose jubilado en el D.F. pretendía regresar a vivir al pueblo.






La ceremonia fue muy sencilla pero emotiva y le entregamos la “Medalla Casa de la Cultura Oaxaqueña” y un diploma, que siempre guardó con mucho aprecio y que hoy está en el museo del ex-convento de Santo Domingo en Ocotlán.
 



 

La relación posterior fue cordial, pero distante. En cuanto el maestro Morales cobró fama, gracias al reconocimiento que le hizo su paisano el maestro Rufino Tamayo, quien al presentarlo dijo de él, “este nuevo pintor a quien me complazco de presentar a los amantes de la pintura, es a no dudarlo, ese soplo de aire limpio que nos ha de devolver nuestra alegría de vivir.”




 

“Su pintura, como es fácil comprobar, no está hecha tan solo con la mente, sino principalmente con el corazón.”






Aunque el maestro Morales nunca perdió su sencillez y amabilidad, lo cierto es que la fama hizo que legaran a rodearlo mucha gente que siempre quiso sacar de él, alguna ganancia.


 



 

Como siempre fue un hombre solitario y no tuvo familia, una vez me comentó que el dinero que él ganaba con la venta de su cotizada obra, lo dedicaría a preservar el patrimonio cultural de su pueblo.


 




 
Posteriormente creó una fundación y no solo apoyó a Ocotlán, sino a muchos pueblos de la región, en la recuperación y preservación de sus maravillosos templos. Su obra más conocida es el templo y ex-convento de Santo Domingo de Guzmán en Ocotlán.


 

  

Los caminos de la vida nos separaron. En enero de 2001 partí para vivir en California, ese mismo día, el maestro partió a la eternidad.


 




 
La sensibilidad y la ternura son los elementos más importantes de su obra plástica. La generosidad es lo más sobresaliente de su forma de vida. Rodolfo Morales fue un hombre sencillo, sin pretensiones, que a pesar de su timidez, siempre abrió su corazón a la gente que le rodeó y le entregó todo a su pueblo.


 




 

El maestro Rodolfo Morales, además de su obra y su ejemplo, nos ha dejado su casa, para que cualquier visitante que legue a Ocotlán pueda compartir con su espíritu los amplios corredores, ver con asombro su cocina, con admiración su estudio y con cierto morbo, todas aquellas piezas que él coleccionó y que adornan esta esplendida casa del Siglo XVI.





 






jueves, 29 de marzo de 2012

BIBLIOTECA PÚBLICA CENTRAL



Sumada a la Red Nacional de Bibliotecas, la Biblioteca Pública Central de Oaxaca, integra una red estatal de bibliotecas municipales.




Más allá de su impresionante edificio, existe una red muy numerosa de pequeñas bibliotecas municipales en todo el estado. La Biblioteca Pública tiene un acervo muy valioso de libros sobre temas y autores oaxaqueños, como es el caso del fondo “Genaro Vázquez Colmenares”.




En sus instalaciones se llevan a cabo presentación de libros, lectura de obra poética y literaria, así como actividades culturales.




Sus instalaciones son muy visitadas, tanto por estudiantes, público en general, así como por investigadores.




En Oaxaca existe una buena producción de libros, tanto de literatura, como de investigación. El gobierno ha venido editando libros, así como las instituciones de educación e investigación.



En Oaxaca tenemos buenos editores y su producción se puede apreciar en la librería “La Proveedora Escolar”, ubicada entre las calles de Independencia y Reforma, considerada como “la mejor librería de México en provincia”.




Fundada por uno de los hombres más preocupados, no solo por los libros y escritores, sino fundamentalmente por la educación de los niños oaxaqueños, nos referimos al siempre bien recordado y admirado Profesor Ventura López.












lunes, 26 de marzo de 2012

MUSEO DE LOS PINTORES OAXAQUEÑOS



El Estado de Oaxaca es...
“La Reserva espiritual de México”.

Rodolfo Morales

Desde épocas ancestrales los Valles de Oaxaca han sido el encuentro de los pueblos del Anáhuac. Paso obligado del altiplano al istmo, en el que se encontraron las manifestaciones culturales de la cultura náhuatl y la cultura maya, con el auspicio de las milenarias culturas zapoteca y mixteca.

  Francisco Toledo

De esta manera hoy tenemos testimonios de esta riqueza cultural en Monte Alban y Mitla, por citar solo dos centros de conocimiento de los muchos que existen en los valles.


Rufino Tamayo 


Es por esta herencia que los oaxaqueños son artistas innatos, especialmente en la plástica han dejado huella, como son los códices mixtecos y los murales de la Tumba de Huijazó. 

Rubén Leyva 

La Ciudad de Oaxaca tiene vocación de museos y el Museo de los Pintores Oaxaqueños se suma al Patrimonio. 

   


El museo abrió sus puertas el primero de octubre de 2004 y es un foro de expresión de la plástica oaxaqueña, nacional y universal. Se ubica en una bellísima construcción del Siglo XVII que encuentra en la calle de Independencia, justamente en frente de La Alameda del General Antonio de León.




 La sensibilidad y creatividad del pueblo oaxaqueño queda expresada en la alta aspiración de sus pintores. Los pintores son los ojos, las manos y el corazón del pueblo. En sus lienzos dejan testimonio de la grandeza espiritual y amor por la vida, que por milenios ha caracterizado al pueblo oaxaqueño.


Marco Antonio Bustamante

Desde los Viejos Abuelos que decoraron los muros de los centros de conocimiento en Mitla y Monte alban, o que nos dejaron maravilloso testimonio de su arte pictórico en los códices mixtecos, hasta un pintores de la época colonial como el famoso Miguel Cabrera que dejó obras maestras en muchos templos del Virreinato de la Nueva España. 

     

Y al nombrar a los “pintores oaxaqueños”, no podemos dejar de pensar en Rufino Tamayo, Rodolfo Nieto y Rodolfo Morales, como los que “ya han cruzado el río en su largo camino hacia el Mictlán”.




Pero podemos nombrar a Francisco Toledo en un primer lugar, como artista universal, pero también como un generoso mecenas que la ha dado a Oaxaca una Pléyada de centros culturales, en dónde su altruismo por las causas nobles del Patrimonio Cultural y Natural son reconocidas por propios y estraños. 




Pero no podemos dejar de nombrar entre muchos de los pintores oaxaqueños a: Juan Alcázar, Laura Armenta, Román Andrade, Fernando Andriacci, Modesto Bernardo, Marco Bustamante.




Enrique Flores, Federico Flores, Justina Fuentes, Irma Guerrero, Sergio Hernández, Máximo Javier, Ivonne Kennedy, Rubén Leyva, Abelardo López.





Emiliano López, Francisco López, Gonzalo López, Luis José, Eddie Martínez, Ariel Mendoza, Arnulfo Mendoza, Felipe Morales, Guillermo Olguín, Guillermo Pacheco.





Tomás Pineda, Rolando Rojas, Samuel Rojas, Cecilio Sánchez, Jorge Sánchez, Emilio Sánchez, Virgilio Santaella, Alejando Santiago, Filemón Santiago, Crispín Valladares, José Villalobos, Emilia Winter y Luis Zarate.



     
El museo cuenta con diversas actividades, tanto intramuros como en las comunidades del estado. Visitas guiadas, talleres infantiles, conferencias, así como recinto de actividades culturales de carácter local, nacional e internacional.



Cuenta además, con un valioso y entusiasta grupo de “amigos del museo” que apoyan las actividades que se realizan.
   

  

MUSEO DE LOS PINTORES DE OAXACA
Servicios:
•Visitas guiadas
•Conferencias sobre arte
•Talleres de artes plásticas
•Renta de espacios para actividades sociales
•Presentación de espectáculos artísticos
•Abierto de martes a sábados  de 10:00 a 20:00 y Domingos  de10:00 a 18:00
•Descuentos a Estudiantes, maestros y personas de la tercera edad
•Personas con capacidades diferentes y niños menores de 13 años entrada libre

Ubicación

Independencia 607, esquina García Vigil.
Centro Histórico
Oaxaca, OaxacaC.P. 68000

Informes y contacto
Teléfono y fax: 01 (951) 516 56 45Correo electrónico: