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sábado, 14 de abril de 2012

TEMPLO DE SANTA MARÍA DEL MARQUESADOTEMPLO DE SANTA MARÍA DEL MARQUESADO

 



Este maravilloso templo se construyó durante el Siglo XVII, por la orden de los dominicos.



Sin embargo, se sabe que desde que Hernán Cortés peleaba los linderos de su marquesado, con los españoles que vivían en la Ciudad de Oaxaca, existía un templo en ese lugar.




La planta del edifico es de una nave con capillas laterales y techo de bóveda de cañón semicilíndrico. Este templo está ubicado muy cerca de la estación de trenes, en lo que fue las afueras de la ciudad.




Le da nombre a ese antiguo barrio y se dice que hasta ahí llegaba el marquesado de Cortés, que venía desde Coyoacán en la Ciudad de México.      




En la fachada se aprecian dos esculturas de dos ilustres oaxaqueños. La del filántropo Fernández de Fiallo y la del presbítero Aguirroles, quienes fueron benefactores de este templo.




En la parte superior de la fachada se puede apreciar la ventana del coro, con forma octagonal, como es clásico en los templos oaxaqueños.




Encima de la ventana del coro se ve un pequeño nicho que alberga la imagen de La Virgen de la Asunción. El trabajo en la cantera es sobrio y con la famosa cantera verde de Oaxaca.





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miércoles, 11 de abril de 2012

TEMPLO DE SANTO TOMÁS APÓSTOL IXTLAN



La Sierra Norte de Oaxaca es un lugar de Poder. Las fuerzas telúricas que recorren sus montañas se conectan en puntos muy especiales a través de corrientes energéticas que unen a la Tierra con el cosmos. La zona de Ixtlán es un sitio privilegiado y quien haya estado ahí, estará de acuerdo con este "sentimiento". 


Templo de Santo Tomás Apóstol, Ixtlán, Oaxaca (Retablo principal) 


En el vértice de estas energías se encuentra una de las más clásicas obras maestras del arte colonial en Oaxaca. En efecto, en Ixtlán se encuentra el bellísimo TEMPLO DE SANTO TOMÁS APÓSTOL, construido en el Siglo XVII por la orden dominica.


Templo Templo de Santo Tomás Apóstol, Ixtlán, Oaxaca (Fachada lateral)


En verdad que vale la pena recorrer los 68 km que separa a Ixtlán de la Ciudad de Oaxaca sobre la carretera 175, solo para apreciar esta verdadera joya del arte barroco oaxaqueño, con una espléndida fachada labrada en cantera y una fachada lateral sobria y elegante. La talla en la piedra es verdaderamente asombrosa.



 Templo de Santo Tomás Apóstol, Ixtlán Oaxaca. (detalle fachada lateral)


Santo Tomás al dudar de la muerte de Jesús, dijo: "si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su constado, no creeré". Ocho días después, Jesús se le apreció y lo hizo comprobar sus heridas de muerte y le dijo: "Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver".


 Templo de Santo Tomás Apóstol, Ixtlán, Oaxaca (detalle de talla fachada principal)


El primer cuerpo de la portada tiene acceso con arco de medio punto, dovelado y moldurado, en cuya clave se encuentra labrada una flor de lis que representa a la orden dominica.  


Templo de Santo Tomás Apóstol, Ixtlán, Oaxaca (detalle retablo esquinero)


El retablo principal es una verdadera obra de arte tallada en madera y cubierta con oro terminado entre 1760 y 1770. El motivo central de éste simboliza la incredulidad de Santo Tomás, a quien se representa en el momento en que introduce la mano por la llegada del costado de Cristo resucitado, ante tres apóstoles que atestiguan la escena. Dos retablos esquineros de excelente manufactura, acompañan al principal formando que le dan fuerza y majestuosidad al conjunto.


Templo de Santo Tomás Apóstol, Ixtlán, Oaxaca (detalle de talla en madera)


El interior del templo tiene planta arquitectónica de cruz latina, integrada por coro, sotocoro, nave y presbiterio. La cubierta consiste en cuatro bóvedas de pañuelo, en la nave y coro; el crucero y el presbiterio tiene cúpulas sobre tambor y pechinas.


 Templo de Santo Tomás Apóstol, Ixtlán, Oaxaca (detalle de talla)


El segundo cuerpo presenta un tablero central, en relieve, que escenifica la vida de Santo Tomás Apóstol, quien según la tradición antigua dice que Santo Tomás Apóstol fue martirizado en la India el 3 de julio del año 72. Parece que en los últimos años de su vida estuvo evangelizando en Persia y en la India, y que allí sufrió el martirio.


Templo de Santo Tomás Apóstol, Ixtlán, Oaxaca (La Pasión de Cristo detalle)



En los transeptos existen dos retablos del siglo XVIII, dedicados a la Virgen María; destacan por su gran dimensión, sus esculturas, pinturas al óleo y la abundante decoración fitomorfa. En la nave se encuentran otros siete retablos barrocos, salomónicos y estípites, también de gran interés; destacan los que escenifican la Pasión de Cristo.


Templo de Santo Tomás Apóstol, Ixtlán, Oaxaca (retablo lateral izquierdo del S. XVIII)


En este templo, para el año de 1806, fue bautizado Benito Juárez García. Benemérito de las Américas, presidente de México y verdugo del imperio de Maximiliano de Habsgurgo. "Ambrosio Puche vicario de esta doctrina bauticé solemnemente a un niño a quien nombré Benito Pablo, hijo legítimo de Marcelino Juárez y Brígida García, indios de San Pablo Guelatao, perteneciente a esta cabecera y sus abuelos paternos son Pedro Juárez y Justa López, los abuelos maternos Pablo García y María García".


Templo de Santo Tomás Apóstol, Ixtlán, Oaxaca (La Asunción de María detalle fachada)


El segundo cuerpo presenta un tablero cruciforme con un relieve que representa la Asunción de María (año de 1738); está flanqueado por columnas candelabro, decoradas con motivos fitomorfos y capitel compuesto.


Templo de Santo Tomás Apóstol, Ixtlán, Oaxaca. (cúpula exterior)


Visitar el Templo de Santo Tomás Apóstol en Ixtlán es un prodigio para aquellas personas que aprecien la expresión más elevada del barroco oaxaqueño, además de conocer la comunidad de Ixtlán y Guelatao, que está muy cerca, y apreciar las montañas llenas de bosques, únicos en México en cuanto a su aprovechamiento racional y sustentable.








lunes, 9 de abril de 2012

HEROICA CIUDAD DE TLAXIACO




Tlaxiaco viene de la lengua náhuatl tlachquiauhco, tlach-quiauh-co: tlachtli (juego de pelota); quiahuitl (lluvia); co, en “en (el lugar de) la lluvia del juego de pelota”. En lengua mixteca: Ndisi nuu que se traduce como “buenavista”.







Pero Tlaxiaco se denomina “Heroica Ciudad de Tlaxiaco”.





               
               
Aunque existen pocos estudios particulares sobre Tlaxiaco, Margarita Gaxiola, en su estudio “Huamelulpam” informa sobre Tlaxiaco, “el asentamiento inicial del sitio se sitúa alrededor de 400 a. C., es decir, durante el inicio del Preclásico tardío” en el Anáhuac. 








La ocupación total abarca un periódo de 100 años, hasta 600 d.C. Por su importancia estratégica fue codiciada por los aztecas ya que se ubica entre Coixtlahuaca y Tututepec, dos importantes señoríos mixtecos, por lo que fue invadida en varias ocasiones hasta convertirse en guarnición mexica.





               

La invasión española de estas tierras se realizó entre 1521 y 1522 por Francisco de Orozco y Pedro de Alvarado. Junto con Achiutla, Mixtepec, Chicahuaxtla, Ocotepec, Chalcatongo, Chicaba, Miquetla y Atoyaquillo fueron entregadas al encomendero Martín Vásquez.







Entre sus principales evangelizadores se señala a Fray Gonzalo de Lucero y Benito Hernández, la cual se inició por el año 1548.





               
               

Se le concede el título de Villa el 1° de octubre de 1852, el 23 de noviembre se decreta Heroica Villa de Tlaxiaco, y se le otorga el 7 de octubre de 1884 la categoría de ciudad. 







Se destaca la visita de don José María Morelos y Pavón en su paso a Acapulco, así como la batalla contra los franceses en el cerro Encantado, sede de los poderes estatales durante la soberanía de Oaxaca.

               






Existe un convento dominico cuya construcción fue asesorada por Rodrigo Gil de Hontañón destacándose de ese monumento histórico lo que se denomina “Modillón dominico” (modillón es la ménsula o zapata que adorna por debajo a una cornisa), actualmente está totalmente restaurado y lo mismo que el de Yanhuitlán, parece una fortaleza.





               
               

Tlaxiaco fue durante el Siglo XIX una importante ciudad comercial. Llegó a tener un teatro, que era una copia en pequeño del Teatro Macedonio Alcalá de la Ciudad de Oaxaca, lo cual nos habla de la intensa vida cultural que tenía esta ciudad en aquel entonces. La cantante oaxaqueña Lila Dawn nació en este bello lugar.





               

De acuerdo al XII Censo General de Población y Vivienda 2000 efectuado por el INEGI, la población total de indígenas en el municipio asciende a 8,548 personas. Sus lenguas indígenas son mixteco y triqui. 








Habitan principalmente en las comunidades de Santa María Cuquila, San Isidro, San Pedro, Llano Grande, Juan Escutia, Plan de Guadalupe, Agua Zarca, San Miguel del Progreso, San Felipe Tindaco, sus barrios y Joya Grande.





               


En Tlaxiaco se produce y consume pulque de excelente calidad, bebida espirituosa del Anáhuac y que hoy sigue siendo una tradición en la Mixteca Alta. Otra de las tradiciones que se mantienen es la construcción de casas a partir de troncos de pino. El ensamblado de los troncos es reforzado con barro y cal para que no pase el viento.




               

Cuando visite Tlaxiaco podrá encontrar una buena infraestructura de servicios turísticos, lo mismo buenos restaurantes que hoteles cómodos y de precios razonables. Tlaxiaco está creciendo y modernizándose, pero sus habitantes y autoridades valoran y preservan su Patrimonio Cultural.




sábado, 7 de abril de 2012

La casa del maestro Rodolfo Morales en Ocotlán.

Dedicado a Rosa MaríaBerúmen Félix
Septiembre de 2006





Cuenta la sabiduría popular… “que era un hombre tan pobre, tan pobre…que lo único que tenía era dinero”.





El maestro Rodolfo Morales fue un espíritu noble y sencillo. Aunque salió a los 23 años de su natal Ocotlán, el recuerdo de su primera infancia en su pueblo, siempre estará presente en su vida y en su obra.






Su generosidad no tuvo límites para su pueblo.


 




La vida me dio la oportunidad de conocer en tres momentos diferentes al maestro Rodolfo Morales. Al final de la década de los años sesentas, vivía en la calle de Xicoténcatl en Coyoacán.





Y en la esquina de Corina y Xicoténcatl existía un café llamado “La Hiedra” y un pequeño museo de escultura. El maestro era muy amigo de la mamá de una amiga.





La señora Geles Cabrera era la mamá de Erika y el centro de un puñado de artistas e intelectuales que se reunían en ese café, que luego nosotros como jóvenes “nos lo apropiamos” y compartimos “con ellos” el espacio sagrado.





Fueron años turbulentos, tanto por ser los de mi adolescencia, como por haberse dado la revuelta estudiantil del 68 y en el que el café La Hiedra fue punto de reunión y discusión de la vida política que conmocionaba al país.


 



 

El recuerdo que tengo de “Rodolfito”, como le decían sus amigos de aquél entonces, es muy vago. Siempre muy callado y tímido. En ese entonces, el maestro Morales trabajaba como profesor de dibujo en una escuela secundaria en el D.F.


 



 

Muchos años después, ya en Oaxaca, una vez Silvia María Zúñiga, quien era la Subdirectora de la Casa de la Cultura Oaxaqueña, me propuso incluir en el programa “Oaxaca, sus hombres y sus obras” a un paisano de su natal Ocotlán, que había regresado a vivir al pueblo y que era un pintor.


 



 

La institución la hacía un homenaje a aquellas personas que sin ser “gente importante” eran la parte viva de la cultura de la comunidad.


 



 

De esta manera conocí por segunda ocasión al maestro Morales. En 1985 no “era famoso” y habiéndose jubilado en el D.F. pretendía regresar a vivir al pueblo.






La ceremonia fue muy sencilla pero emotiva y le entregamos la “Medalla Casa de la Cultura Oaxaqueña” y un diploma, que siempre guardó con mucho aprecio y que hoy está en el museo del ex-convento de Santo Domingo en Ocotlán.
 



 

La relación posterior fue cordial, pero distante. En cuanto el maestro Morales cobró fama, gracias al reconocimiento que le hizo su paisano el maestro Rufino Tamayo, quien al presentarlo dijo de él, “este nuevo pintor a quien me complazco de presentar a los amantes de la pintura, es a no dudarlo, ese soplo de aire limpio que nos ha de devolver nuestra alegría de vivir.”




 

“Su pintura, como es fácil comprobar, no está hecha tan solo con la mente, sino principalmente con el corazón.”






Aunque el maestro Morales nunca perdió su sencillez y amabilidad, lo cierto es que la fama hizo que legaran a rodearlo mucha gente que siempre quiso sacar de él, alguna ganancia.


 



 

Como siempre fue un hombre solitario y no tuvo familia, una vez me comentó que el dinero que él ganaba con la venta de su cotizada obra, lo dedicaría a preservar el patrimonio cultural de su pueblo.


 




 
Posteriormente creó una fundación y no solo apoyó a Ocotlán, sino a muchos pueblos de la región, en la recuperación y preservación de sus maravillosos templos. Su obra más conocida es el templo y ex-convento de Santo Domingo de Guzmán en Ocotlán.


 

  

Los caminos de la vida nos separaron. En enero de 2001 partí para vivir en California, ese mismo día, el maestro partió a la eternidad.


 




 
La sensibilidad y la ternura son los elementos más importantes de su obra plástica. La generosidad es lo más sobresaliente de su forma de vida. Rodolfo Morales fue un hombre sencillo, sin pretensiones, que a pesar de su timidez, siempre abrió su corazón a la gente que le rodeó y le entregó todo a su pueblo.


 




 

El maestro Rodolfo Morales, además de su obra y su ejemplo, nos ha dejado su casa, para que cualquier visitante que legue a Ocotlán pueda compartir con su espíritu los amplios corredores, ver con asombro su cocina, con admiración su estudio y con cierto morbo, todas aquellas piezas que él coleccionó y que adornan esta esplendida casa del Siglo XVI.